La verdad no está en la tele, está en la calle. Spanish Revolution

Como parte activa en el movimiento social Spanish Revolution que acaba de nacer, aunque a título personal, quiero despejar algunas dudas que pudieran surgir entre las personas acostumbradas a los medios de comunicación convencionales.

Actualidad | 02 de junio de 2011
Pere Borràs

En primer lugar, definiré mi papel en el movimiento. Soy una de las personas que se encargan de gestionar la parte informática del movimiento desde Tenerife. La página web de la acampada de Tenerife es uno de los canales de información mediante el cual, quien quiera, puede saber qué se cuece en Tenerife al respecto. Además de dicho escaparate, se trabaja intensamente generando sinergias con voluntarios, medios, otros grupos, etcétera, lo cual genera un volumen de información que necesita ser procesado y canalizado. Ahí estamos mis compañer@s y yo, en una tienda de campaña ya bien organizada.

Los primeros días, como es lógico al no tener el movimiento una cabeza por ser espontáneo entre los ciudadanos, la organización no era la idónea en la acampada. Era el principio del movimiento y, en caliente, lo más importante era vivir con intensidad y emoción la evidencia de que al fin habíamos despertado del enfermizo letargo en el que estábamos y respondíamos con pacífica firmeza a los abusos a los que muchos estamos sometidos por muy pocos. Algo muy sano y necesario. El paciente iniciaba su recuperación.

Con el paso de los días, tanta gente y tanta idea empezaron a acumularse pero, de forma muy natural, también a amoldarse y ordenarse. En la actualidad, el trabajo está muy bien organizado en comparación con la incertidumbre de los primeros días.

Evidentemente, semejante respuesta de la ciudadanía no podía pasar desapercibida a pesar de los primeros intentos de los medios masivos por ignorarla. Pronto, la prensa internacional puso el ojo en los indignados ciudadanos españoles que, inesperadamente, decidieron que no eran tan tontos como se pretendía. La existencia de las redes sociales en internet se encargó de que esto fuera posible. De golpe y porrazo, nos dábamos cuenta de que podíamos estar bien informados sin tener que tragarnos la información masticada y filtrada por los mecanismos creados por intereses ajenos a los nuestros, los de los ciudadanos.

Se imponía, vieron los medios masivos, recuperar la credibilidad perdida al principio por intentar ignorar el fenómeno. De golpe y porrazo, las acampadas pasaron de ser ignoradas a recibir hordas de periodistas, fotógrafos, cámaras de televisión y toda la parafernalia de la prensa, siempre a nuestro favor. Una vez semi recuperada la confianza de los espectadores, aunque demasiado pronto, se volvió a la intoxicación. Todos hemos oído que los comerciantes de Sol están moscas con la acampada. Personalmente, al oírlo, me sorprendió. Y me sorprendió porque aquí, en Tenerife, pasa lo contrario. Algún local ofrece "precios revolucionarios" a los acampados, nos dejan usar sus servicios sin condiciones, hacen pedagogía con los clientes que nos llaman "perroflautas" para que vean que lo que dicen en los medios está sesgado, etcétera. ¿Era posible que en Sol fuera tan distinto? Claro que no. Otra vez, la información que se facilitaba al ciudadano era una indecente manipulación, como muestra este vídeo de entrevistas a comerciantes de Sol que, claro está, no sale en los mass media; no interesa.

En definitiva, credibilidad perdida otra vez. ¿Y ahora? Pues ahora, pon a cargar a los mossos contra los perroflautas de Barcelona, por guarros, a ver si esta vez cuela. Contra todo pronóstico, los perroflautas (ya saben: abuel@s, madres, trabajador@s, físicos en paro... los folloneros de siempre, vamos) respondieron a los palos con flores y el efecto logrado fue que los indignados recibimos aún más apoyo. Mágico. Realmente la gente empieza a usar el sentido crítico y se empieza a dudar del principio de autoridad del que hasta ahora gozaban los medios convencionales, así que estos últimos tienen que volver, otra vez, a hacerle la pelota a alguien que ni siquiera les paga. Pero vayamos con cuidado; es una forma de populismo mediático que se ejerce por inevitabilidad.

Finalmente, animo a todo el mundo a seguir indignado con las partes más injustas del sistema, a seguir dudando de lo que dicen los medios y a seguir buscando información por otros canales que no sean la televisión y los demás medios masivos. La verdad la conformamos entre tod@s, no es el resultado del filtro de unos intereses que, no soy paranoico, están trabajando para reprimir todo esto sin que nos demos cuenta.

No les dejemos. Nos quieren tomar el pelo. Nos quieren quitar lo poco que nos han dejado.

¡INDIGNAOS!

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