Solas, maltratadas, inmigrantes y en paro

El nuevo reglamento de la ley de entranjería protegerá a la mujer inmigrante víctima de la violencia de género. Obtendrán automáticamente una autorización provisional de residencia y trabajo que se extiende a los hijos de las afectadas. No se abrirán expedientes de expulsión por encontrarse en situación irregular cuando las víctimas de malos tratos denuncien su situación a las autoridades.

Actualidad | 09 de febrero de 2011
Consuelo G. del Cid Guerra

Ya en diciembre de 2009, se probó una ley en la que durante el transcurso de tramitación de la denuncia, obtenían dichos permisos, considerándose definitivos en el caso de sentencia condenatoria.

El caldo de cultivo se sale de madre. De la madre patria, que no importa continente. Cualquier mujer maltratada debe tener los mismos derechos, aquí y en Sebastopol. Sin embargo, me asaltan pensamientos encontrados ante un futuro tan incierto como próximo. La negación del derecho al trabajo y a una vivienda digna, no ampara al inmigrante. Sin papeles no hay empleo, y sin empleo no hay papeles, pero resulta que ahora no hay trabajo para nadie, seas de donde seas, y te pase lo que te pase. En consecuencia, ese permiso de residencia que se me antoja parche, servirá, como mucho, para poder presentar una documentación en regla cuando la policía lo solicite. Poco más -y nada menos-.

La victimización pública de la víctima,valga la redundancia cual trabalenguas simple y directo al populacho, nos hace de entre los buenos los mejores, mientras aumenta la cifra de muertas en manos de sus machos. Una lista que engorda al tiempo que adelgaza nuestro país quebrado, anoréxico y nervioso, en busca de cualquier chapuza que nos permita llenar la nevera.

Somos el gran imperio de la torpeza, la cultura de contraportada y el manifiesto oficial de la necedad. El racismo empieza cuando a un ser humano se le niegan los mismos derechos que a otro dependiendo del país donde se nace y en el que se encuentre. Resumiendo: El extranjero no era sólo de Camus, somos todos nosotros. Las colas del paro no son sensibles a nacionalidad alguna cuando se tienen papeles, pero éstos lo son para conceder una supuesta protección a la mujer maltratada inmigrante : Ambas palabras me asustan al ser escritas una tras otra. Me niego a sopesar una cuestión atroz: ¿Quién, entre las apalizadas, se considera como víctima mayor?. Las desgracias nunca vienen solas, y ahora parece que nos ponen un acompañante que alivie las hostias: Te damos papeles, bonita. Búscate la vida a partir de ahí, que lo vas a tener fatal. Sola, inmigrante, maltratada y en paro. ¿Hay quien dé más?... pues sí, oiga, permiso de residencia y trabajo. Todo legal.

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