Tráfico de animales
Actualidad - 03 de febrero de 2011
Escrito por Consuelo G. del Cid Guerra
 

Las cifras escalofriantes de animales abandonados que son exportados a Alemania, Austria, Holanda y otros países centroeuropeos, siembra una extraña sospecha que en muchos casos ha podido ser contrastada. El tráfico fraudulento de perros y gatos que salen de España, Portugal, Italia, Rumania, Chequia, Eslovaquia, Grecia, Turquía, Egipto o Marruecos con forma de “adopción”, ofrece unas cifras más que alarmantes. De Palma de Mallorca, sin ir más lejos, salieron durante 2010 QUINCE MIL canes declarados. Basta con multiplicar esta cifra por las cincuenta provincias españolas, y la cantidad aproximada ronda los SIETE MILLONES QUINIENTOS MIL PERROS exportados en un solo año. Se trata de animales enfermos, viejos o hembras preñadas, que viajan durante 36 horas en condiciones lamentables y hacinados en jaulas, por lo que muchos mueren durante el trayecto.

El número de protectoras que existe en cada país centroeuropeo es mayor que la cantidad de pulgas que puede tener cada ejemplar. ¿De dónde sale ese extraordinario interés en adoptar en países como Alemania, cuando la cifra anual de abandonos es de QUINIENTOS MIL?.

No se corresponde el número de habitantes con el número de perros supuestamente adoptados. De hecho, y basándonos en unas cifras meramente orientativas, el perro habría devorado a la especie humana. Se desconoce cuál es el destino de estos animales, pero lo cierto es que de las hordas caninas que viajan a Alemania y otros países centroeuropeos, sólo se sabe el destino real de un 15%, puesto que el resto, desaparece como por arte de magia.

En cuanto a los famosos identificadores de animales o Microchips, aunque las protectoras españolas están obligadas a que sea un veterinario quien los implante y registre en el banco de datos de cada comunidad autónoma, cabe destacar que las autonomías no están conectadas entre sí, por lo que si un perro o gato sale de su región, no está identificado. Por tanto, si sale del país, se pierde el rastro por completo.

Los grandes fabricantes como Felizcan o Tasso, generan importantes remesas en volumen que se venden sin codificar, para ser después codificadas por pequeñas distribuidoras. Así, presuntamente se hacen remesas oficiales y registradas para colegios de Veterinarios a 40€ el chip, y otras oficiosas para protectoras que exportan animales a 4€, tratándose en ambos casos de un producto idéntico.

Estos chips únicamente sirven para cruzar los controles, puesto que si los parasen, no aparecerían como registrados en ninguna parte. Por tanto, el perro o gato, no aparece en la base de datos y únicamente los adoptados se registran por primera vez en el lugar de adopción.

Por cada uno de los animales supuestamente adoptados, se llega a pagar hasta 400€. ¿Quién pagaría semejante cantidad por un perro abandonado, sin raza, viejo y enfermo?. Este mercado mueve ingentes cantidades de dinero negro, pues se trata de entidades sin ánimo de lucro que no están obligadas a declarar ante Hacienda.

La legislación alemana permite experimentar con perros y gatos de perreras, importados de otros países como España. En Italia fue denunciado el tráfico de animales a perreras alemanas, cuyo funcionamiento era idéntico en España:

La experimentación está regulada en toda la CEE y teóricamente sólo se puede realizar con perros de raza Beagle y criados para tal efecto. Sin embargo, nadie habla de laboratorios en países como Albania o Moldavia, con presuntas sucursales de laboratorios de cosmética, medicina, textil, químico o alimenticio.

Los perros y gatos exportados se utilizan para experimentar, otros con fines bélicos, también para abrigos de pieles, peleas clandestinas, fabricación de pienso, explotación en los criaderos e incluso tráfico de drogas.

En 1989, la Comunidad de Suizos Antiviviseccionistas denunció que cientos de miles de perros y gatos habían sido dados en adopción, cuando la realidad es que fueron robados de sus casas o comprados a los dueños, para ser amontonados en jaulas y enviados a laboratorios de vivisección de Suiza y Alemania.