Cría, reza, ama

Cría, reza, ama

"Todavía hay muchos que no nos creen", decía ayer mi hermana (así nos llamamos entre nosotras, las que pasamos por reformatorios franquistas: hermana o sister). Y es cierto. No solo no somos creídas, sino cuestionadas hasta el hartazgo por parte de la mayoría. Que no puede ser. Que exageramos. Que no habría para tanto.

Editorial | 15 de diciembre de 2019
Consuelo G. del Cid Guerra

¿De verdad alguien piensa que nos hemos puesto de acuerdo una serie de mujeres que pasamos por lo mismo y no nos conocíamos de nada? Explotación laboral, castigos de aislamiento, lavado de cerebro religioso, adoctrinamiento, régimen penitenciario oculto para menores, cuando la mayoría de edad era a los 21 y el maldito Patronato la extendió hasta los 25. 

¿Cómo pudo seguir existiendo aquella GESTAPO a la española hasta mediados de los años ochenta? ¿Nadie se preguntó quiénes éramos? España tenía mucha prisa en contemplar mujeres desnudas, en legalizar los bingos y casas de juego en general, mucho porno... ¿Y nosotras?... ¿Dónde estábamos todas nosotras? Mientras se alzaba el postfranquismo en otro movimiento nacional que llamaron transición, nosotras luchamos por salir a un exterior cuyos muros nadie se molestó en derribar. 

"Cría, reza, ama", el documental emitido en DMAX, refleja a la máxima perfección la realidad de lo sucedido. Un trabajo magnífico y de rigor exquisito. Sí, sucedió, eso nos hicieron a miles de adolescentes encerradas en reformatorios por el simple hecho de pensar y enfrentarnos a lo establecido. La factura ha sido tan sumamente cara que aquí estamos, cuarenta años después, reconociéndonos. Ese discurso fascista que regresa en manos de VOX, los descerebrados por su excelencia generalísima en recuerdo de una débil memoria que aflora lentamente, paso a paso. Somos más. Esas Desterradas hijas de Eva se levantan tímidamente, algunas con miedo a ser juzgadas de nuevo, sin saber siquiera por qué.

Cría, reza, ama

A día de hoy, puedo asegurar que todo este trabajo que inicié sola ha valido la pena. España me ha enseñado que estamos solas ante cualquier tipo de iniciativa, y que la historia, pese a permanecer oculta durante décadas, está en nuestras manos. Somos el testigo más fiel de esa verdad desconocida que encerró mujeres en reformatorios sin haber cometido delito alguno.

 

Hermanas, sigamos adelante. Ni un paso atrás: recuérdalo tú, y recuérdalo a otros. No pasarán. Amén.

 

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