Desde el exilio

Tiemblan ante su propia confusión buscando el voto, y en dos días -exacta.Mente- dos, medirán sus terrenos, dirán que nos comprenden y se elevará un falso respeto tan suma.Mente temporal como sus fiestas mayores de palabras menores con máxima difusión y disfunción.

Editorial | 20 de mayo de 2011
Consuelo G. del Cid Guerra

El Gobierno y los partidos políticos, temen al pueblo por primera vez en mucho, pero que muchísimo tiempo. La policía registra bolsos y mochilas. Solicita documentación. Se prohíben las reuniones en grupos mayores de veinte, como en los viejos tiempos. Por la megafonía del metro se indica a los ciudadanos un camino distinto al que en estos momentos se sigue: La acampada masiva en todas las ciudades españolas. Pretenden evitar que durmamos al raso por propia voluntad, pero no paran los desahucios que dejan en la puta calle a familias enteras. Mienten en cuanto al número de participantes. Mienten en las edades. Mienten en muchas otras cosas, pero ya no importa demasiado, puesto que lo que es, es: El pueblo ha tomado las calles por una Democracia Real.

Hoy me siento más orgullosa de España que nunca.

Recuerdo el día en que me fui, a las seis de la mañana, con el corazón encogido, y cruzando cuatro fronteras en un solo día.

Sentía entonces que mi país me echaba, después de haber trabajado como una bestia durante años y años, fundando empresas y creando empleo. La crisis me atrapó, como a miles de personas. Mi destino era Austria. Partía de cero con medio siglo a cuestas hacia la ciudad de Salzburgo. Todavía no hablo alemán, pero me entienden. Hoy he sabido que me entienden:

-¡Hey, española! ¡tu país se revoluciona! ¡Spanish revolution! ¡suerte! ¡Viva España!

He mirado hacia delante y todo es verde. Porque gane quien gane, la calle ya es nuestra. Los días están contados.


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