Fallo apelable. Editorial Bruguera

La crisis provoca el cierre de EDITORIAL BRUGUERA. El Grupo Zeta la cerrará a finales de 2011. Su directora, Ana María Moix, fue despedida en Abril. Según el artículo de Matías Néspolo publicado en El Mundo, "Los rumores sobre el cierre comenzaron cuando se declaró desierta la última edición del Premio Bruguera de Novela, decisión que pudo estar vinculada al hecho de no poder hacer frente al monto de la cuantía del galardón".

Cultura | 27 de mayo de 2010
Consuelo G. del Cid Guerra

Ningún autor se tragó que el jurado unipersonal del Premio Bruguera de Novela, representado por Félix de Azúa, pudiera leer 334 manuscritos en  tan pocos meses.Tampoco que ninguno de los presentandos -según informó la propia Bruguera en un comunicado- "tuviera la calidad suficiente", por tanto, el premio se declaró desierto "para no bajar el alto listón que han dejado los ganadores de las últimas ediciones".

El fallo del jurado se hizo público con retraso en el mes de Febrero. 334 autores lo esperábamos en la fecha prevista, que aparecía publicada en las bases del certamen y se saltó a la torera. De nada sirvieron las llamadas telefónicas a la editorial, que "no sabemos nada por el momento, pero la llamaremos". Hoy, al leer la triste noticia de su cierre, me embarga un sentimiento sucio al tiempo que me invade la burla: 334 AUTORES, 334 NOVELAS supuestamente leídas por Félix de Azúa, "no alcanzaron la calidad suficiente, y el premio se declaró desierto para no bajar el alto listón que dejaron los ganadores de las últimas ediciones".

Si la decisión del cierre estuvo vinculada al hecho de no poder asumir la cantidad del galardón: 12000 EUROS, es decir, dos millones de las antiguas pesetas para un autor que probablemente ha invertido más de dos años de su vida -como mínimo- en la obra presentada. En mi caso concreto, necesité catorce años para escribir "Te la quitaré aunque esté muerto". Catorce años de mi vida entre cuartillas, borradores, pantallazos, dolores de espalda y noches en blanco. Catorce años con un pequeño cuaderno de notas en el bolso en el que anotaba frases, ideas, sensaciones. Conseguí, al fin, su esqueleto, y pude darle forma de libro.

Resulta muy difícil de transmitir el esfuerzo titánico, y le importa a pocos, por supuesto. Es un trabajo personal que se entrega a la suerte, y en la mayoría de los casos, queda bajo la desisión de cuatro o cinco personas.Concretamente en el caso del premio Bruguera, la decisión estaba en manos de Félix de Azúa, una sola. Sin embargo, los doce mil euros no importan. Lo verdaderamente importante es la publicación del libro.

Nadie puede pagar nuestro trabajo. Las emociones no tienen precio, no están en venta ni es posible cuantificarlas de forma material. No pude creer que 334 novelas habían sido leídas, y tampoco que ninguna de ellas tuviera calidad suficiente como para merecer el premio. No somos una tómbola. Un trozo de nuestra vida se encuentra vertido e invertido en cada libro. Nos entregamos y desnudamos. No existen novelas en busca de autor. Las obras se hacen posibles cuando se sienten y se viven.

Estoy absolutamente convencida de que a los 334 participantes no nos importaba esa parte material de forma fundamental : Era el libro. El libro. El libro...Si verdaderamente no se podía asumir la cantidad del premio, deberían haberlo dicho. Tan simple como eso. Pero jamás declarar desierto un certamen alegando que ninguna de las obras presentandas tenía calidad suficiente.

Estoy hablando yo, pero no hablo únicamente por mí: 333 autores quedaron boquiabiertos ante semejante comunicado. Es una inmensa falta de respeto al respecto. Escribir es un oficio durísimo. Vivimos en un país donde se lee muy poco. La mayoría -lectores o no- cree que la mayoría de los escritores somos enfermos mentales, drogadictos o alcohólicos. No es una conclusión gratuíta, me lo han dicho cara a cara en más de una ocasión. Resulta imposible vivir de la literatura y nos vemos obligados a trabajar en sectores de lo más variopinto y lejano a nuestra vocación.

No pasa nada. Se hace, porque todos tenemos que comer. Y se hace lo mejor posible. No tenemos horas muertas porque todas están ocupadas, aunque sí más ojeras que nadie. Siento sinceramente el cierre de Bruguera. Y me siento, también, burlada. Es más que una pena. A pesar de todo, así no se escribe la historia. Porque todas las historias, de una forma u otra, están en manos de los escritores.

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