Tango: Carlos Daurat

Te debo mucho, maestro. Tú me hablabas de los "piojos mentales" y desde el primer instante en que nos conocimos te rascabas insistentemente el lóbulo de la oreja. Y me mirabas. Siempre mirabas. Con misterio. Esperando una respuesta que nunca se produjo. Sonreías.

Cultura | 16 de agosto de 2009
Consuelo Garcia del Cid Guerra

"Hay un lugar donde no entra quien quiere, solo quien puede, y es un lugar donde creo que deberías estar".

Recuerdo perfectamente la frase, porque me la dijiste muchas veces. No demasiadas, pero muchas. Nos unió el tango, mi gran asignatura pendiente que tú me hiciste aprobar. En aquel enorme sótano del Teatro Goya impartías las clases todos los sábados por la tarde. Y se hacía de noche en los cafés largos, en ocasiones hasta el amanecer. Querías que yo fuera tu partenaire.

"Uno más uno son dos, pero en el tango, uno más uno es uno". "Hay que acariciar el piso con las suelas, acariciarlo no más". Y mis tacones se deslizaban entre figuras y la llamada "caminata elemental" que tanto me costo dominar. Tú me llevabas volando bajo el bandoneón. Fuiste teatro, gran actor, y eras también un largo secreto que decidiste relevarme sin más "porque sé que corresponde", decías.

Y ahí estuviste, a la cabecera de mi cama, cuando caí enferma. Estuve yo cuando caíste tú. Largas conversaciones sobre todos los nombres de la vida. Grandes satisfacciones y encuentros mezclados con versos, personajes, países, oasis y desiertos .Tango. Tango.Tango. Cada paso me adentra en tu recuerdo, Carlos. No he vuelto a baliarlo nunca más.

"Cáncer. Tiene cáncer. Y no quiere ver a nadie". Lo respeté. Llamaba con cierta frecuencia para saber de ti, hasta que a finales de enero, me dijeron: "Hace una semana que ha muerto".

Me dirigí al pasillo y contemple el retrato que me hiciste. Enorme, claro y lineal, como lo has sido tu.

"El tango es la danza de la carne, del deseo, de los cuerpos entrelazados Es un dialogo nuevo, la seducción hecha movimiento, ir y venir, encuentro entre dos mundos. Es un baile exhibicionista, estéticamente bello, ronda sin temores el universo de lo lúdico.
La pareja de baile roza sus zapatos entre sensuales caricias mientras el atónito espectador ocasional, eterno voyeur, se fascina y deslumbra con el ardor del tácito romance de los bailarines de turno".

Autor desconocido

Te dediqué un poema que enmarcaste. De eso hace ya mucho. El libro, sin embargo, se ha publicado hace poco. Es todo lo que tengo, materialmente hablando, para ti. Lo que se queda por fuera. El interior es mucho mas profundo. Grande y valioso, como tu anillo del dedo meñique, aquel personal sello de oro. Puedo divisar tus facciones con una lucidez extraordinaria. Escucho también el tono exacto de tu voz, las palabras largas y desatendidas. Veo como, todavía, los zapatos te brillan mientras te preparas una tostada con miel y nueces. Luego vuelvo, Carlos. Ahora tengo que dejarte. Me pica muchísimo el lóbulo de la oreja.

 

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