Leopoldo María Panero

Leopoldo María Panero

?No escribo porque estoy condenado Estoy condenado porque escribo?

Cultura | 15 de abril de 2009
Consuelo G. del Cid Guerra

Con Leopoldo me sucede lo mismo que con la ciudad de Tánger : es una persona para no volver a casa y por eso es peligrosa.

Fuma compulsivamente un cigarro tras otro (?aplasto cigarrillos como si fueran niños?).

Cuando todavía estaba en Mondragón, dijo : ?La droga es una locura, pero puede alejarte de la locura. Prefiero la droga a seguir encerrado, sin sentido del tiempo?.

?Me incapacitaron y me internaron ilegalmente. Firmaron psiquiatras que no existen y un juez al que nunca he visto?.

?Mi hermano Michi es mi tutor, pero no me llama ni viene a verme. Desde la muerte de mi madre ya no existe la familia?.

Ha bebido tres coca colas y sale del bar eructando. ?Esto es una condena y la condena es el manicomio. Llevo ya un año vomitando todas las noches. Por eso me levantan de la cama para que tenga la cabeza muy alta. Si te portas bien, te dan 500 pesetas. Es la fuerza del chantaje. Y lo que pasa dentro es lo mismo que en la calle : ?Come y calla, toma dinero y habla bien de todo esto?.

Busca un manuscrito. Son hojas sueltas con poemas llenos de tachaduras. Las pone sobre la cama.: ?Me estremece el espejo?.

Estas declaraciones pertenecen a 1992. Desde entonces, su existencia se ha desarrollado de psiquiátrico en psiquiátrico. Vive en régimen semi abierto en el Sanatorio Insular de Las Palmas de Gran Canaria. Su hermano Michi murió. Su hermano mayor, Juan Luis, vive en Torroella de Montgri , alejado de todo vinculo. Leopoldo esta solo.

Su madre, Felicidad Blanc, publicó sus memorias en 1977 (?Espejo de Sombras?). Cuenta poco de la infancia de Leopoldo, lo suficiente como para entender que era un niño difícil que escribía poemas a los cinco años:

 

?Entonces dije yo, es mi padre,

dejadme y la gente pasaba.

Y los borrachos pasaban.

Yo me hallaba en la tumba

echado con las piedras; yo

decía

Sacadme de la tumba, pero

allí me dejaron con los habitantes

de las cosas destruidas,

que no eran más que

cuatro mil esqueletos.

Y mi corazón temblaba,

pero era un sueño

que mi corazón lo soñaba.

Y fueron muriendo muchos soldados

de la guardia del rey,

pero mi corazón estaba temblando?.

 

?¿Verdad que eres un ángel?? ? le preguntó el pintor Benjamin Palencia al pequeño Leopoldo. ?¿Un ángel? ?respondió- No. Yo no soy mas que un niño bueno.?

Ya en la Universidad, cursando Filosofía y Letras, se despierta su aversión por el régimen franquista. Crea con sus compañeros un pequeño seminario en el que se habla de política y filosofía. Un día trae a su casa una multicopista para hacer panfletos.

Le detienen por primera vez en 1966. Su lucha contra el franquismo le convierte en ?vago y maleante?, junto con Eduardo Haro Ibars, con quien comparte prisión en Zamora.

 

 

Sus intentos de suicidio se suceden al tiempo que entra y sale de la cárcel y distintos psiquiátricos.

?Lo peor no es que haya intentado suicidarse, lo peor es que se droga?, esa celebre frase la pronuncia un familiar al enterarse de su adicción a la marihuana.

?Pero es que va a hacer usted lo mismo que Marilyn Monroe?? ?dijo la patrona de una pensión donde Leopoldo se hospedaba cuando le encontró inconsciente- .

Escribe sin cesar. Publica varios libros de poemas, entre ellos ?Teoría?. Es prácticamente imposible encontrar un solo ejemplar actualmente. Yo lo tengo fotocopiado. Le vi por primera vez en Barcelona en el Bar del Pi, junto con Javier Barquin. Entonces todos le reían las gracias a Leopoldo. Con los años le convirtieron en un maldito, un apestado. Mucho más que un personaje molesto: la pura perdición.

El estreno de la película ?El desencanto? levanta ampollas morales en una España que empieza a despertar. La familia Panero habla sin tapujos sobre sus vidas, cara a cara, en un especial formato de cinema-verité, sin colores, con la fuerza rotunda del blanco y negro que consigue plasmar la crudeza de una saga genéticamente irreproducible. La película adquiere un tremendismo insólito cuando aparece Leopoldo. Su imagen todavía fresca, aparentemente sana, supuestamente joven, unido a ese tono de voz nasal contundente que habla sin tapujos de sentimientos y desencuentros, toma las riendas de la historia. Contemplar a Leopoldo aquí y ahora supone un ataque directo al corazón: Entonces, seguramente, estaba a tiempo de no convertirse en un marginado, tal vez de no ser, jamás de los jamases, un loco oficial. Sin embargo, ya era un genio.

Apestado, abandonado, recluido y controlado. Pueden medir sus pasos, pero no sus versos. Pueden aletargar su conciencia, pero no sus palabras. El reconocimiento le pertenece ahora, no cuando este muerto. Antes de que su cadáver sea homenajeado y expuesto en cualquier centro cultural como si de una especie sobrenatural no humana se tratara, sin que pueda vomitar a gusto sobre el mundo, se le debe la posibilidad de ser premiado como al poeta más grande de este siglo.


Leopoldo María Panero, a solas.

?El sufrimiento es la vida entera, todos somos máquinas de sufrir?

?La injusticia mayor es estar loco?

?Creo que el infierno es la única realidad de la existencia?

?A pesar de todo, quiero vivir. Si no soy Jesucristo, soy Leopoldo María Panero, y me van a matar?

?La vida es un cuento de brujas?

?Me he convertido en un hombre malo?

?He pasado del malditismo a una fase pacífica con la amargura como única sed, por la soledad, joder?"

?Me gustaría morirme borracho en Tánger?

 

 

?El loco yerra, pero no miente?


A Mi Madre


(Reivindicación de una hermosura)

Escucha en las noches cómo se rasga la seda
y cae sin ruido la taza de té al suelo
como una magia,
tú que sólo palabras dulces tienes para los muertos
y un manojo de flores llevas en la mano
para esperar a la Muerte
que cae de su corcel, herida
por un caballero que la apresa con sus labios brillantes
y llora por las noches pensando que le amabas,
y dice sal al jardín y contempla cómo caen las estrellas
y hablemos quedamente para que nadie nos escuche.
Ven, escúchame hablemos de nuestros muebles
tengo una rosa tatuada en la mejilla y un bastón con
empuñadura en forma de pato,
y dicen que llueve por nosotros y que la nieve es nuestra.
Y ahora que el poema expira
te digo como un niño, ven,
he construido una diadema
(sal al jardín y verás cómo la noche nos envuelve)

?Poemas del manicomio de Mondragón? 1987

El Desencanto

 

En 1976 se estrena ?El Desencanto?, documental- película dirigida por Jaime Chávarri

sobre la familia Panero. Catalogada como cinema-verité,. levanta ampollas en una España que empieza a despertar tras la muerte de Franco.

La familia se confiesa, exponiendo sus trapos sucios con una sorprendente dignidad.

Ellos mismos se definen como ? fin de saga ?, reconociendo sin pudor alguno su estrepitoso fracaso familiar, que no es solo suyo, sino que representa de alguna forma a la llamada generación perdida.

Leopoldo consigue desde el primer momento despertar un extraordinario interés. Su aspecto todavía joven y aparentemente sano, unido a esa voz nasal tan característica que recita poemas, le convierte en el protagonista absoluto.

La película se centra en las narraciones de la madre, Felicidad Blanc, y de sus tres hijos.

Cuatro seres enfrentados a su propia decepción, incomunicación y fracaso. ?El Desencanto? se convirtió en una película de culto.


Después de tantos años


Veinte años después se rueda la segunda parte. Los tres hermanos Panero, por separado ( resulta ya imposible reunirlos, ni siquiera en pantalla) una cinta desoladora impregnada de tristeza, la viva imagen del fracaso, de la soledad asistida y la rotura rasgada por quien sabe que uñas. Puede que las de todos y oficialmente las de nadie. Leopoldo esta definitivamente muerto en vida, pero sigue escribiendo. Sus poemas descarnados, atroces, irreverentes y macabros, tienen forma de puñal, de entraña, de belleza cruel. Ya es un ?maldito?, palabra que detesta. Lleva más de media vida ingresado en manicomios.

 

 

Poema de Leopoldo sobre sí mismo


En Mayo de 1999, el periodista J.Benito Fernández (Tusquets Editores) publica la biografía de Leopoldo: ?El contorno del abismo, vida y leyenda de Leopoldo María Panero?. Magistral descripción del sufrimiento, excelente visión de la persona y personaje. Recomiendo encarecidamente la lectura de este libro para entender a Leopoldo. Finaliza asi :

?Durante unos segundos quedo absorto ante un auditorio cavilante y silencioso. El poeta de leyenda poco indulgente, con una hoja de servicios atestada de anécdotas hiperbólicas, desatinos, barbaridades y truculencias no siempre certeras, en gesto muy suyo sujetaba la nuca con las palmas de las manos. Atrás, los dedos entrecruzados provocaban que los codos dibujaran los vértices de dos ángulos agudos. ?Bueno, vale ya?, remato. Siguió un torrente de aplausos. Se puso en pie. Se perdió entre una ovación a oscuras?.

No hace muchos años consiguió llenar la sala de fiestas ?La Paloma?, de Barcelona, durante un concierto de Bunbury, que músico varios de sus poemas.

Actualmente se encuentra ingresado en el Sanatorio Insular de Las Palmas ( Cl Hoya del Parrado 2 Tarifa A, Las Palmas de Gran Canaria 35017) en régimen semi abierto. Le permiten salir a la calle durante el día. Anda siempre cargado con una bolsa de libros y pasa las horas en bares bebiendo pepsi cola compulsivamente y fumando sin cesar. Muerde los pitillos como si le fuera la vida en ello. Leopoldo Maróa Panero es el poeta más grande de este siglo. Con este artículo solicito firmas para la petición del premio Nobel de Literatura. Se abrirá una lista al respecto que será enviada a Estocolmo. No es un hombre para homenajear, es un poeta por reconocer en toda la amplitud de la palabra. Más de treinta y cinco libros editados, dos películas, infinitas antologías, artículos y entrevistas que le han dejado en el mismo lugar. Un poema especialmente hermoso para mí, le define perfectamente:

A Francisco

Suave como el peligro atravesaste un día
con tu mano imposible la frágil medianoche
y tu mano valía mi vida, y muchas vidas,
y tus labios casi mudos decían lo que era el pensamiento.
Pasé una noche a ti pegado como a un árbol de vida
porque eras suave como el peligro,
como el peligro de vivir de nuevo.

?Last night together? 1980



 

 

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