Helmut Berger, la caída de otros dioses

Helmut Berger, la caída de otros dioses

Pasó a la historia del cine por su belleza. Personajes oscuros, torturados y depravados, en brazos del gran Visconti, que en algún momento o evento le nombraría discípulo con las correspondientes consecuencias horizontales, verticales e inclinadas.

Cultura | 15 de enero de 2013
Consuelo G. del Cid Guerra

La caída de sus dioses, retrato de Dorian Grey, El rey loco, Confidencias... parece que importa poco a estas alturas, puesto que el descenso de Helmut Berger se rinde a la evidencia: Oh, el viejo bisexual, alcohólico, drogadicto...

No más demoníaco que Paulo Coelho hasta los 39. Por lo menos ?y ya venido a más- publicó su autobiografía hará unos doce años, y el autoconfeso recuerda sus érase una vez con Mick Jagger, la que fue su esposa Bianca, su tocayo Helmut Lang, Nurejev... entre los viejos muertos y la escasa memoria de otras ?te recuerdo, Bianca, señora del anillo perdido en Salzburgo que denunciaste al pobre hombre encontradizo (http://consuelogdelcid.blogia.com/2012/011301-bianca-jagger-la-senora-del-anillo.php) en busca de otra Cenicienta con rostro de macho: Berger ya no te pone, claro, y el resto del gran público, le quita de en medio mientras él bebe para olvidarse, se mata a pajas o se tira a un astronauta, que me importa muy poco.

De él se habla última.Mente, con esa moralina que acostumbra a dibujarse junto a los pajaritos de alas rotas, posada junto a la golondrina del príncipe feliz, de Wilde, que murió sin estatuílla pero con época dorada.

Helmut Berger vive a las afueras de Salzburgo en un apartamento mínimo donde ?tal vez- eructe sin piedad la bebida ?por excelencia- del lugar: Red Bull. Borracho de gas y rosas, vocifera como un león enjaulado, y le comprendo divinamente.

Arruinado, descarado, marginal. Es lo que ofrecen los límites cuando se comulga en copón de oro, y en su derecho está de saberse torcido, de sostenerse o vivir sin vivir en sí. Lo dijo en aquellas magníficas Confidencias:

?Pero en la Biblia está escrito:

Ay del que esté solo, porque cuando caiga, no habrá nadie dispuesto a prestarle ayuda...?.

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