Las Chamorro, bellas artes

El respeto al escenario es como una oración. Exige un silencio atípico, ese minuto de gloria que debemos en vida a todos los artistas cada vez que se disponen a actuar. Forma parte de esa íntima liturgia inconsciente del arte. Tal vez por eso ,cuando conocí a Chelo, me quedé muda. Llegó con una gorra de enfant terrible, y aquella misma tarde golpeaba sus nudillos contra la mesa, arrancada por alegrías. Una garganta rota, fuerte, privilegiada. Pocas horas después, aparecía Irene, y se crecía el aire.

Cultura | 25 de diciembre de 2011
Consuelo G. del Cid Guerra

Gitanas de casta, orgullosas del tiempo en que Sevilla era la cuna de una infancia feliz como ninguna. Hijas de un prestigioso anticuario que instruyó su camino. No existe obra de arte que se les escape ya, lo llevan en la sangre, y ese material noble detecta desde hace mucho incluso la más perfecta de las falsificaciones. Por eso y otros asuntos, expertas en un flamenco cuya raíz modelada han convertido en soul, funky, salsa picante, rosa, melodía italiana. Un cocktail explicable que sólo ellas destilan con la historia entre sus dedos. Llovió el amor, y empapó su vida entera. Auténticas. Maestras de otros maestros cuyo acompañamiento confesado en pocas ocasiones, se ha nutrido de temas tan aprovechados como despechados. Demasiado bonitas para much@s. Demasiado. Porque ?en su caso- se cumple el sabio refrán: La suerte de la fea, la guapa la desea.

Juntas, por separado, las hermanas Chamorro agarraron el telón para convertir cada metro de tela en un vestido de noche, frunciendo ese calor que transforma en volante todo aquello que tocan.

Antes, pero que mucho antes, se codeaban ya con lo más alto.

Irene y Chelo Vázquez : Las Chamorro. El nombre se hizo copla gracias a un vecino de la calle Feria, Pepe. Todos los viernes celebraba el fin de semana con unas merluzas descomunales que se convertían en saraos junto con Rosi, su mujer. ?Chamorro, dónde está mi Chamorro..?.

Personalmente no tienen precio, y lo han demostrado. Objeto de grandes envidias, continúan su carrera en solitario para seguir de la mano en cualquier momento. Con ellas se rasga la seda. Va por vosotras.


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