Amparo Muñoz

Amparo Muñoz

Amparo Muñoz, declarada oficial.Mente la mujer más bella del universo a mediados de los años setenta, apenas consigue sostenerse en pié. Camina lentamente y se agarra a las paredes. Un derrame en el cerebelo paralizó la mitad de su cuerpo hace ya seis años. Hace un par de semanas que debió ser intervenida quirúrgicamente, pero la operación se aplaza y Amparo acude al médico a diario. Al parecer, tiene una enfermedad muy seria que no quiere hacer pública. No seré yo quien facilite el enlace de unas imágenes obtenidas con cámara oculta por el paparazzi Diego Arrabal, que amparado (y nunca mejor dicho) en ese mal llamado "periodismo de investigación" -entiéndase huele bragas y braguetas del cotilleo lumpen- nos muestra la viva imagen de un juguete roto.

Cultura | 31 de enero de 2011
Consuelo G. del Cid Guerra

Destrozada -tal vez- por lo mucho que jugaron con ella unos y otros. Triste, terriblemente sola, frágil y muy enferma. Amparo se tambalea, su cuerpo le ha fallado hace ya mucho y no puede con su alma.

Arrabal asegura en dicho reportaje que Amparo vive en un barrio de Málaga muy conflictivo, lugar donde ni la policía entraba hasta hace muy poco. Doce horas de guardia a la puerta de su casa cual soldado arrabalero (será por el apellido) para verla salir hecha una pena con su dolor a cuestas. Y es tanto que rompe a llorar con un desconsuelo que parte el corazón. Su hermano Pedro ha desmentido que viva en La Palmilla, la peor zona de su ciudad natal, y reprocha al periodista la emisión de esas imágenes desoladoras. Mientras, su segundo ex marido, el chileno Flavio Labarca, dice que está destrozado y que la llamará mañana...

Mañana, Amparo. Tal vez mañana. "La vida es el precio", un libro de escasas memorias que no contó nada nuevo, poco original y nada extraordinario. Ni siquiera extendida en cuanto al verdadero lujo de detalles que su vida ha encerrado para poner en boca de los demás una costura fea, repaso de los tiempos, mentiras sobre el dime y el direte, morbo sin sentimiento.

Amparo se ha quejado en más de una ocasión de que todos se fueron. Todos. Gente de la farándula, millonarios, vividores, actores. Amigos, conocidos, circundantes. Ni uno sólo llamó, nadie la quiso cuando ,víctima de sus fuerzas, perdida entre las sombras de la bella y sus bestias, enfermaba sin remedio.

Hace casi dos décadas fue víctima de las peores injurias. Se desató una campaña inquisidora que lanzó mierda sobre la mierda. Cabe toda cuando alguien famoso se confiesa drogadicto, en pasado o presente.

Se defendió como pudo de unas acusaciones espeluznantes, tan falsas como la corona de miss a la que renunció. Premeditada, nocturna y alevosa, la encontraron colgando de un balcón porque alguien -nunca se supo quién- pretendía matarla. Un episodio negro de excesos y letargos. Períodos gestantes en busca de la paz.  Ella ha dicho que no todo lo vivido ha sido mierda, y seguro que es cierto. Para mí, esté donde esté y haga lo que haga, siempre será preciosa.

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