Coto Matamoros, preso

Si el hombre pudiera decir todo lo que no dijo. Si por volver atrás se entiende retroceso. Si después del aplauso comienza la caída, y ese panal de abejas que busca residencia, como animal minúsculo, venenoso y herido. Oído y cabalgata. Fracaso estrepitoso.

Actualidad | 30 de abril de 2011
Consuelo G. del Cid Guerra

Coto Matamoros ha ingresado en la cárcel de Zuera (Zaragoza). Vivía en casa de unos amigos desde hace poco tiempo. Fue detenido el otro día, 27 de abril, en la calle Francisco de Vitoria. Ha sido condenado ya en dos ocasiones por la misma causa: Impago de la pensión a sus hijos. La orden se emitió el verano pasado por un juzgado de Málaga.

De Las Terrenas a Tailandia. De Taliandia a Madrid. De Madrid a Zaragoza. Cada vez más estrechos y pequeños lugares para pasar la vida. Es el trayecto triste de un hombre perdido.

Era el nuevo juglar de esta jungla canalla. Un gángster excelente. Inteligente, rápido, brillante. Culto, abismal, tremendo. Si el hombre pudiera decir, ahora, todo lo que no dijo. El hombre que se sabe conocedor del todo relativo. Bueno por necesidad. Alma de cántaro. Rajado por demás. Traicionado por otros. Sin agresión no hay víctima, y los papeles cambian en su peor momento.

Suerte, Coto.

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