Niños robados
Opinión - 22 de julio de 2019
Escrito por Consuelo G. del Cid Guerra
 

La extrema derecha, su gato al agua y demás subalternos de la negación, se lucen como nunca atacando a los bebés robados del franquismo. Que si alarma social, efecto rebote, industria creada y otras lindezas varias que adornan su disparate. Conocedores de la desunión, supuestos sabios egregios van largando por sus bocas lo más grande: sólo les falta pedir la beatificación en vida del Doctor Vela.

Resulta que miles de víctimas se lo han inventado todo. Que miles de mujeres andaban por España abandonando hijos como si de la bolsa de la basura se tratara. La basura sois vosotros, personajillos pintados cuya repercusión es de sobra conocida, y de eso se aprovechan ahora. La razón es lo de menos, puesto que habrá que ir a más: a por todas, en las calles, manifestándose en masa. Las promesas de los partidos políticos quedarán en agua de borrajas como si la mentira fuera esa alfombra roja por donde desfila la infamia.

Vela, el repartidor de niños, el dueño de una clínica privada en la que se robaron a saco, porque él es el hombre, sí: el hombre del saco. Lo del bebé congelado quedará en una fruslería irónica y falta poco para que alguno suelte que era por el bien de sus madres incompletas, casquivanas, incapaces y golfas. Malditos carroñeros que asisten la columna, encantados de su vida mientras las víctimas lloraron durante años un hijo muerto. Lo que ha muerto, es España, ya lo escribió Cernuda en su día en aquella impresión de destierro: "¿España? - dijo. Un nombre. España ha muerto. Había una súbita esquina en la calleja. Le vi borrarse entre la sombra húmeda".

Ellas, las Desterradas hijas de Eva, entre las que me incluyo por demás, fueron arrancadas de los brazos de sus hijos. Lo vi con mis ojos, sí, que yo lo vi y nadie me lo puede negar a estas alturas por mucho que cabalgue el facha a lomos de su excusa.

A la negación hay que enterrarla, y no debemos darle otra cosa que la espalda.