Se han llevado a mis hijas

Se han llevado a mis hijas

Dos niñas de seis y nueve años, preciosas y felices. Alumnas de un colegio de alto standing.

Actualidad | 16 de julio de 2022
Consuelo G. del Cid Guerra

Hijas de madre rusa y padre suizo, instalados en España hace cinco años en busca del mejor tratamiento adecuado para una de ellas, que padece una seria enfermedad, cuya alimentación especial es sagrada.

Eran felices hasta que -desde el colegio elitista- alguien habría activado el protocolo en los servicios sociales, supuestamente alarmad@s por una serie de cuestiones tan mal interpretadas como existentes.

Dos niñas que leen y escriben en más de tres idiomas, acostumbradas a vivir en distintos países debido a los trabajos de sus padres. Que si tienen Instagram: sí, controlado por su madre para que se puedan relacionar con sus parientes, ya que se trata de una familia internacional. Que si aparecen en la red con el uniforme del colegio: sí, como miles de criaturas cuyos padres cuelgan fotografías.

¿Desde cuándo un centro de enseñanza se dedica a husmear en las redes sociales? ¿Por qué? ¿Con qué objeto y sentido?

Que si las criaturas parecían estar "tristes y angustiadas": ahora sí lo están, sin duda, desde el momento en que fueron recogidas del colegio para ser tuteladas e ingresadas en un centro de menores sin previo aviso ni conocimiento alguno por parte de sus progenitores.

No es un caso aislado. Sucede en todas las comunidades autónomas, a diario. Se llevan a los niños tanto de su propio domicilio como del lugar donde estudian.

"Resolución de desamparo provisional", así, del tirón y sin más, porque lo dice el colegio. Pero la historia no acaba aquí. Han llegado incluso a dudar que sean hijas de sus padres, pese a presentar partidas de nacimiento y libro de familia.

"Nunca volverás a ver a tus hijas, y les cambiaremos el nombre". Así se expresó un trabajador social tras la violenta retirada, tal y como afirma la madre.

Supuestos. Conjeturas. Deducciones personales sin base que no se ajustan a la realidad. Más de lo mismo y lo de siempre. Hasta la fecha, los padres solo tienen derecho a llamadas supervisadas.

- En castellano. No hable ruso. En castellano, he dicho. O habla castellano o corto la llamada.

Ningún miembro de la administración pública catalana (DGAIA) está dando su nombre, pese a ser solicitado una y otra vez por la progenitora. "Soy el chico del centro". "No le doy a dar mi nombre, no insista".

- Si hablan ruso, corto la comunicación. En castellano. Castellano. Castellano.

El proceso desnaturalizador en marcha: cruelmente separados de sus padres, en un lugar desafecto, y sin poder expresarse en su idioma nativo. Nada nuevo para l@s activistas sociales inmersos en esta lucha, pero completamente desconocido para unos padres que no entienden lo que ha pasado.

¿Esto es España...? Sí, una, grande y "libre", pero sucede en toda Europa, a diario, y afecta a cualquier entorno social. De poco sirve todo el dinero del mundo para iniciar una defensa en condiciones: el sistema gana siempre, puesto que tiene presunción de veracidad.

Cuando se demuestre que todas las acusaciones son falsas, será demasiado tarde, porque el daño, ya está hecho. Es el reloj de la vida de esas dos niñas el que está funcionando, y cada segundo, marca un castigo terriblemente injusto. Estamos (una vez más), ante el horror de un inmenso error.

Pero ni el colegio de marras, y tampoco el sistema, podrá romper sus Matrisoskas, esas hermosas muñecas rusas que simbolizan la maternidad.


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