El Crack

La famosa crisis de 1929 llevo al suicidio a muchos empresarios. Se ahorcaban o se tiraban por la ventana de un rascacielos. Ochenta años después, parece que la historia se repite. Un corredor se pego un tiro en medio de una sesión bursátil. El pasado lunes, uno de los hombres más ricos de Alemania, se tiraba debajo de un tren.

Opinión | 25 de abril de 2009
Consuelo Garcia del Cid Guerra

En Noviembre del pasado año, Pablo Silva se pego un tiro en el pecho. La bolsa se estaba hundiendo y decidió hundirse con ella.

Muy pocos días antes, en India, un empresario aparecía colgado de un ventilador que estaba en el techo. Había perdido su empresa de compra venta de acciones y lo perdió todo en la bolsa.

Un joven tradder de 26 años, estrella del Crédito Suisse, se metió en un hotel, se corto las venas y salto al vacío. Abusaba de las drogas y el alcohol para poder soportar la presión.

Hace muy poco, un inversor francés se suicido en Nueva York. Lo perdió todo al confiar a Madoff su fortuna.

EN Japón, el aumento de suicidios es alarmante: 2645 solo durante el mes de Enero.

No se trata solo de pensar si es un acto cobarde o no. Parte de una reflexión mucho mas profunda: El hecho de no querer ni saber vivir sin dinero. ¿Será que lo tuvieron siempre, que les cayo del cielo, o aquellos que realmente se lo ganaron con su esfuerzo se niegan a seguir viviendo como quizás habían vivido antes? .Se pasa del vil metal a ser un mortal mas, porque la vida ya no tiene sentido. Estamos hartos de escuchar que no es solo una crisis económica, que es una crisis de valores. Obvio. Pero resulta que los valores no se adquieren asi, de pronto y sin más. No están en venta, desdeluego. Uno no puede presentarse en una tienda y pedir dos kilos de valores humanos. Tampoco por alejarse del llamado mundanal ruido retirándose a monasterios, montañas o casas espirituales en busca del silencio, se van a tener en dos patadas o cuatro fines de semana. Quien todavía tiene, quizás deba empezar a compartir.

Cuando se ha tenido mucho, se pierde el concepto real de las cosas y en consecuencia el valor del dinero. ?Ese es un muerto de hambre?, acostumbramos a escuchar. Y resulta que el muerto de hambre gana cuatro mil euros al mes. Y ese supuesto hambriento de cuatro mil euros, ¿como califica a un mileurista? ¿Será un don nadie o tal vez un cadáver?...?No tiene donde caerse muerto?, frase también de lo mas habitual. Si los potentados que no se suicidan resulta que son los valientes, yo me pego un tiro en la boca ahora mismo. No es eso de que ?todavía hay clases?, que las hay, es que todavía hay muchas familias adineradas que contemplan con desprecio al resto de los mortales que no son como ellos. Su circulo, que siempre ha sido cerrado, ahora esta sellado con lacre y aislado en sus paraísos, fiscales o artificiales. Huyen a Miami o a Dubai en busca de business, o simplemente para descansar sus fortunas, ajenos a todo este desastre. Ojos que no ven, corazón que no siente.

Los que sienten, muertos de hambre que no tienen donde caerse muertos, se levantan cada mañana en busca de trabajo. Ni siquiera esperan un futuro mejor, solo un trabajo digno.

Las grandes compañías reclutan ejércitos de vendedores sin sueldo fijo. ?Capacitan y forman? con métodos como este:

Sin embargo, los suicidios provocados por este tipo de empresas-trabajos-organizaciones-sectas encubiertas-estafas, etc., etc., no forman parte de las estadísticas, ni son publicados. Sus nombres y apellidos no son relevantes.

No me alarman los suicidios de los grandes potentados. Pero si me apenan infinitamente las verdaderas depresiones provocadas por la presión insoportable de un grupo de analfabetos con corbata que debidamente adoctrinados se dedican a ejercer el más repugnante de los poderes, imponiendo deberes indignos, maltratando y gritando.

No es un chiste. Es real. Y después, a todo esos, se les llama ?don nadie?.

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