Doctor Vela, Patronato de Protección a la Mujer y cursos del PPO

Doctor Vela, Patronato de Protección a la Mujer y cursos del PPO

Ley mordaza desde el embrión judicial. Ayer tuvo lugar el juicio en el que -al fin- el doctor Eduardo Vela Vela se personaba.

Actualidad | 11 de diciembre de 2013
Consuelo G. del Cid Guerra

Tapándose el rostro con una carpeta, al más puro estilo Julián Muñoz, él y su abogado se ocultaban como podían, eludiendo a la prensa. Vela hizo acto de presencia a sabiendas de lo que el hecho suponía, lo negó todo y se quedó tan ancho. La jueza hizo firmar un documento de confidencialidad a las partes para ?garantizar el secreto de sumario?. Insólito. Un documento sacado de la manga en pos del tribunal, con el fin de amordazar cualquier declaración u opinión al respecto. Las alcachofas pegadas a la boca de Vela, que no dijo nada. Inés Pérez, la madre por excelencia que aceptó ser denunciada. Vela le regaló una niña prematura a la que tuvo que calentar con botellas de agua. Y el doctor dice no recordar nada. Pasaron por sus manos tantos niños en su poderosa clínica San Ramón -donde conservaba un bebé congelado- que no atina ni sabe hacer memoria. Una madre de noventa años y un médico de ochenta frente a frente. Se cruzaron una sola mirada, la justa para saberse cada uno en su justo lugar.

Eduardo Vela Vela, médico en la Maternidad de la Almudena, conocido como Peña Grande, centro dependiente del Patronato de Protección a la Mujer, (la Gestapo Española) era profesor de auxiliar de clínica en los reformatorios adheridos a dichoPatronato, institución perteneciente al Ministerio de Justicia y presidida por Carmen Polo de Franco.

Los cursos del PPO, Promoción Profesional Obrera, creados en 1964 por el Ministerio de Trabajo, pusieron en marcha una serie de cursillos ocupacionales que se impartían en centros móviles. Cada centro elegía su personal docente, entre los que se encontraba Vela. Un curso de nueve meses que le venía de perlas, puesto que las alumnas realizaban las prácticas en su clínica del Paseo de la Habana. Tuvo mano de obra gratis durante muchos años, relación directa con el Patronato y madres solteras a la orden de todos sus días, para robar los niños que quiso e incluso regalar uno: Tal era su inmensa generosidad, unida a su cómplice, Sor María Gómez Valbuena, y a la banda organizada en el nombre de Dios.

Su relación directa con el Patronato le permitía entregar bebés a la carta, puesto que dispuso de un amplio surtido al respecto: Jóvenes embarazadas internas en reformatorios que trabajaban a destajo pagando su pena. Con el tiempo hubo de todo, entonces los médicos eran dioses en la tierra y la bata blanca no la discutía nadie. Su poder, unido al mal hacer, todo en nombre de su bien, actuaba a diestro y siniestro. Toda huella oficial al respecto ha sido borrada. Como si nada hubiera pasado. Vela está tan seguro de sí mismo como de los partos que ya no recuerda, los nombres que no sabe, las caras que tapa con la misma carpeta que en su día conservó tantos datos.

Tras los cursos de Promoción Profesional Obrera se encuentran miles de madres encerradas en su día, esperando la fecha que las puso a parir de forma espontánea, con todo el dolor del mundo, a pelo y sin una sola palabra de consuelo. Tras aquella Promoción Profesional Obrera está también Eduardo Vela. Sigo su rastro, doctor, mientras usted oculta el rostro.

 

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