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Matanza de inocentes: los animales en la investigación médica
Cultura - 22 de enero de 2011
Escrito por
 

Portada del libro El afamado escritor suizo Hans Ruesch, nacido en 1913, con best sellers como “El país de las sombras largas” y una novela llevada al cine protagonizada por Kirk Douglas bajo el título “The Racers”, decidió a partir de un momento determinado escribir únicamente en contra de la vivisección, prometiendo que no volvería a escribir novelas de ficción mientras esta práctica siguiera existiendo. “Matanza de inocentes” fue publicada por primera vez en Italia en 1976, y la versión en inglés apareció en EEUU en 1978. Tras escribir varios libros más en contra de la experimentación animal, como “Empresa desnuda” y “1000 doctores (y muchos más) contra la vivisección”, Hans Ruesch murió en Suiza en el 2007. Tras más de 30 años, ésta es la primera vez que este libro se edita en castellano.

Difícilmente se le puede pedir a alguien como yo que pase por alto la ética, los derechos de todos los animales y la falsedad de que los humanos sean los únicos seres racionales, más teniendo en cuenta las verdaderas aberraciones que en nombre de la ciencia se han cometido, la gran parte de ellas por meras curiosidades sádicas, como “crear” hermanos siameses cosiendo los cuerpos de animales y cosiéndoles también la mandíbula a su propia pata para que no se ataquen entre ellos hasta que mueren debido al rechazo (crímenes legales como éstos han sido los que mayoritariamente se han cometido en nombre de la ciencia durante toda la historia y aún hoy en día, no nos engañemos), pero lo intentaré. No entraré a debatir sobre la inteligencia, emociones y libre albedrío (y los términos son perfectamente correctos) de animales como las abejas y hormigas llegando hasta el cerdo, tan similar a nosotros biológicamente y por eso mismo tan machacado. No daré detalles sobre las atrocidades que se han cometido y se siguen cometiendo, en múltiples ocasiones sin anestesia para no interferir en el resultado y cortando las cuerdas vocales de los animales para que no molesten. Me centraré en la ciencia y en los datos objetivos que de este libro se pueden obtener, no teniendo en cuenta tampoco las reflexiones personales del autor, con muchas de las cuales no estoy de acuerdo.

La experimentación animal es un fraude científico que no sólo resulta inútil, sino sumamente dañino y peligroso para la humanidad. El término “vivisección” se emplea actualmente para referirse a “todos los experimentos realizados con animales vivos, independientemente de que sea practicado un corte o no”. Los resultados obtenidos con otros animales jamás son aplicables a los humanos puesto que el organismo de cada especie funciona de manera diferente. Al final, sí o sí, cualquier medicamento ha de ser probado en humanos. El grandísimo riesgo que corremos es que tras pasar las pruebas de toxicidad en otros animales, un medicamento salga al mercado como seguro y sea entonces cuando es “probado” por primera vez en humanos con nefastas consecuencias, como ha ocurrido en múltiples ocasiones. La experimentación animal no ha salvado vidas como se asegura. Al contrario. Ha causado miles y miles de muertes. Más adelante se verán un par de ejemplos famoso pero que nadie se engañe, no son excepciones.

Veamos algunos ejemplos de cómo determinadas sustancias actúan de manera totalmente diferente en humanos y otras especies animales:

  • Una dosis de belladona que mataría a un humano es inofensiva para los conejos y las cabras.
  • Una dosis de opio que mataría a un humano es inofensiva para los perros y las gallinas.
  • El estramonio y el beleño son venenos para los humanos, pero alimento para los caracoles.
  • La amanita phalloides, que incluso a pequeñas dosis puede acabar con toda una familia humana, es consumida sin efectos nocivos por el conejo, que es uno de los animales más usados en los laboratorios.
  • Las ovejas pueden tragar enormes cantidades de arsénico.
  • El cianuro potásico, mortal para nosotros, es inofensivo para el búho.
  • Una calabaza común puede provocar un grave estado de agitación nerviosa a un caballo.
  • La morfina, que calma y anestesia al ser humano, causa excitación a gatos y ratones, pero los perros pueden soportar dosis 20 veces mayores que nosotros.
  • Las almendras pueden matar a los zorros y las gallinas.
  • El perejil es venenoso para los loros.
  • Las ratas y los ratones, otros de los animales más utilizados, sintetizan la vitamina C en sus propios cuerpos, mientras que nosotros requerimos tomarla en la dieta para no morir de escorbuto. También procesan la vitamina B en el apéndice, mientras que nosotros la almacenamos en el hígado. La vitamina D la obtienen lamiendo su propia piel, mientras que nosotros la obtenemos con la dieta y la exposición al sol. Requieren también 3 veces más cantidad de proteína que nosotros, ya que el exceso de proteínas en los humanos provoca daños renales (por mucho que se nos siga diciendo a los veganos que nos faltan proteínas, cuando yo puedo dar fe de que en ciertos análisis tuve exceso tanto de proteínas como de calcio). Por último, tienen hipersensibilidad al cloro en dosis mínimas, mientras que nosotros lo toleramos en dosis mucho mayores.
  • La aspirina causa malformaciones en los perros.
  • El paracetamol mata a los gatos.
  • La acetilcolina dilata las arterias coronarias de los perros, pero en los humanos ocurre justo al contrario, las contrae causando espasmos cardíacos.

Bien, éstos no son más que algunos ejemplos. Se pueden encontrar incluso miles. Tenemos que tener en cuenta también un dato sumamente importante. Los medicamentos más básicos, importantes y utilizados han sido descubiertos SIN EXPERIMENTACIÓN ANIMAL, como pueden ser el cloroformo, el éter, el yodo, el digitalis, la aspirina o la quinina, entra tantos y tantos otros, al igual que aparatos y técnicas como el termómetro, el estetoscopio o la auscultación. La penicilina por otra parte no hubiera salido al mercado si las pruebas de toxicidad no se hubieran efectuado en ratones como finalmente se hizo a falta de conejillos de indias, que no les quedaban, ya que dicha prueba fue negativa en los ratones pero hubiera resultado tóxica para los conejillos de indias y probablemente no se hubiera pasado a probar en humanos (dicho por el propio Florey, codescubridor de la penicilina). Más adelante se podrán ver algunos ejemplos más de cómo estas engañosas pruebas de toxicidad han retrasado alarmantemente la aparición de medicamentos sumamente importantes para los humanos. Las citas de eminencias científicas en contra de la vivisección debido a estas engañosas pruebas de toxicidad son centenares. Se pueden dar algunos ejemplos como los siguientes, pero que nadie se crea que son excepciones:

 “Un experimento realizado con un animal no ofrece una indicación segura sobre el resultado del mismo experimento en un ser humano” (Dr. Robert Koch, 1912)

 “Nunca he conocido a un solo cirujano que haya aprendido algo de la vivisección.” (Dr. Abel Desjardins, presidente de la Sociedad de Cirujanos de París, 1925)

 “La vivisección se lleva a cabo con la expectativa de que se cumpla el objetivo que se ha erigido mentalmente. Los resultados nunca justifican los medios, porque erigir objetivos es una labor vana como demuestra el hecho de que las investigaciones realizadas siguiendo esta línea de actuación experimental han retrasado el progreso en lugar de acelerarlo.” (Dr. J.E.R. McDonagh, 1940).

 “Nunca podremos poner demasiado énfasis en la locura que supone establecer los efectos de los fármacos basándose en experimentos con animales. Tenemos un ejemplo en el caso del cloranfenicol. Dicho fármaco fue probado con perros durante mucho tiempo y se descubrió que sólo provocaba anemia transitoria, pero su uso en enfermos humanos tuvo consecuencias fatales.” (Editorial de “Medical Review, 1953)

 “Los experimentos con animales me preocupan particularmente no porque sean una crueldad sino porque son un disparate. Aplicar los resultados de los experimentos con perros a la etiología y el tratamiento de las úlceras pépticas en el hombre es como basar un curso de cuidados humanos maternales para después del nacimiento en el estudio de los hábitos maternales de las hembras de canguro.” (Dr. Heneage Ogilvie, 1953)

 “No debe olvidarse nunca que los resultados de los experimentos con animales pueden ser de poco valor para predecir los efectos de una sustancia en el hombre.” (Dr. J.M. Barnes, 1954)

 “Ningún trabajador experimental puede proporcionar ni un solo dato acerca de las enfermedades humanas.” (Dr. D.A. Long, 1954)

 “Realmente no hay ninguna base lógica para trasladar los resultados obtenidos con animales a los seres humanos.” (Dr. L. Goldberg, 1958)

 “No es posible aplicar a la especie humana la información experimental derivada de los cánceres provocados artificialmente a los animales.” (Dr. Keneth Starr, 1960)

 “Odio la vivisección. No conozco ningún logro ni ningún descubrimiento científico que no pudiera haberse conseguido sin una barbarie y una crueldad tan enormes. Todo lo relacionado con la vivisección es maligno.” (Charles Mayo, fundador de la clínica Mayo, 1961)

 “Si los medicamentos fuesen probados más con seres humanos y menos con animales podrían ser mejores y más seguros. Las pruebas con humanos deberían desarrollarse con la adecuada precaución, pero a la larga proporcionarían una mayor seguridad sobre los efectos secundarios de los medicamentos y mejorarían las expectativas de fabricar nuevos y mejores medicamentos.” (Ulf S. Euler, Premio Nobel de Medicina, 1973)

Estas citas han sido ordenadas cronológicamente hasta una realizada 3 años antes de la publicación de este libro en Italia porque los científicos que siempre se han preocupado por la salud humana y no por la curiosidad y la experimentación, han estado siempre realmente alarmados desde que Claude Bernard, en “honor” al cual se erigió una estatua en París, estableció en el siglo XIX como norma una práctica que hasta el momento sólo había sido esporádica y minoritaria, descubriéndose él mismo al señalar que le resultaba muy lucrativo. Esa es la razón por la que esta práctica continúa hoy en día. Las farmacéuticas son probablemente las organizaciones más lucrativas y con más poder junto a la banca, dando becas e ingentes cantidades de dinero a experimentadores con animales y obligando o pactando con los gobiernos para que por ley sea obligatorio realizar dichos experimentos antes de sacar un medicamento al mercado, con cuyas ventas recuperan con creces lo gastado, y es que tener encerrados en laboratorios a miles de animales para inocularles todo tipo de sustancias en muchos casos ya existentes resulta ciertamente barato. Por culpa de este ansia por el dinero de las farmacéuticas se han provocado en los últimos 100 años miles y miles de muertes humanas, siendo los medicamentos más importantes, como ya se ha señalado, al igual que los primeros anestésicos, descubiertos sin experimentación animal o siendo modificados, si no retirados, los que han causado estragos en los humanos por haber sido lanzados sin ningún tipo de precaución ni escrúpulos. El ejemplo más famoso por todos conocido es el de la Talidomida, sacado al mercado como calmante de las náuseas de las embarazadas. Antes de ser comercializada en los años 60 fue probada con miles de animales durante años sin que se observara ningún efecto adverso, considerándola inofensiva hasta que miles de niños comenzaron a nacer con terribles malformaciones y sin miembros. En lugar de retirarla al momento, incoherentemente se decidió que había que seguir experimentando con animales para descubrir por qué estaba ocurriendo eso, con lo que se continuó infligiendo un terrible sufrimiento a humanos y a no humanos hasta que finalmente fue retirada.

Este caso no es una excepción, ni mucho menos. La acetilcolina sintética, como resultado de los experimentos con animales, mostró aparentemente y así se afirmó, que tendría un gran valor para el íleo paralítico, pero causó en los años 30 numerosas muertes tras ser administrada después de las operaciones.

El Estilbestrol, un estrógeno sintético destinado a disminuir el riesgo de aborto, fue administrado a mujeres durante años tras haber pasado exitosamente las pruebas en otros animales, hasta que en los 70 se advirtió que estaba provocando cáncer vaginal en las hijas de las mujeres que lo habían tomado, un cáncer que se manifestaba cuando llegaban a la pubertad. Si se echa la vista atrás se observará indiscutiblemente que “gracias” a múltiples medicamentos actuales (entre otros factores) el cáncer no ha disminuido ni mucho menos, sino que ha aumentado.

Estos sólo son algunos ejemplos de los devastadores efectos que algunas medicinas han causado en humanos debido a habernos fiado del resultado en los experimentos con otros animales, pero los hay a centenares. También ha ocurrido a la inversa. Medicamentos sumamente beneficiosos para nosotros no han podido salir a la luz durante años e incluso décadas por mostrar efectos nocivos en otros animales. El cloroformo es tan tóxico para los perros, tan usados también junto a los gatos en la experimentación animal, que durante años este anestésico no fue empleado en humanos, hasta que evidentemente, fue probado en humanos, actualmente ya abandonado por su toxicidad y su utilización como droga recreativa, pero sumamente valioso en su momento. La digitalina no se utilizó durante mucho tiempo en humanos porque los experimentos con otros animales indicaban que elevaba la presión arterial, cuando en nuestro caso actúa al contrario y puede resultar útil para la hipertensión. De nuevo, se pueden encontrar decenas de ejemplos como estos.

Como ya se ha indicado, la principal razón de que siga existiendo la vivisección, amparada por las empresas farmacéuticas, es una razón lucrativa, enseñándoles a los alumnos de medicina que es una práctica esencial hasta tal punto que jamás se plantean lo contrario, cuando son otros sistemas para los que los alumnos de medicina no son preparados los que realmente ayudarían a que la ciencia y su ayuda a la salud humana avanzara a pasos agigantados. Yo particularmente jamás permitiría que uno de estos alumnos ejerciera su profesión realizando para sus tesis experimentos (maltratos) con roedores para comprobar su nivel de estrés, algo que se hace continuamente, en primer lugar porque me daría miedo ponerme en sus manos, y en segundo porque algo ha debido fallar o en su inteligencia o en su formación si después de años de estudio no sabe cómo reacciona CUALQUIER mamífero frente al estrés.

Desde la más remota antigüedad es a partir de cadáveres humanos como se ha llegado al conocimiento de nuestra anatomía y el funcionamiento de nuestro organismo a grandes rasgos, desde los antiguos egipcios, expertos cirujanos, hasta Leonardo da Vinci, uno de los mayores defensores de los derechos de todos los animales de la historia, que realizaba disecciones a cadáveres humanos para el estudio anatómico de sus dibujos y pinturas. La utilización de otras especies resulta absolutamente inútil a no ser que se quiera ser veterinario y no médico, conceptos a los que curiosamente nos han acostumbrado a ver como algo totalmente diferente. A Hipócrates de hecho, considerado todavía como el padre de la medicina moderna y en cuyo nombre juran los graduados en medicina, jamás se le ocurrió experimentar con animales no humanos. De todas maneras no nos podemos limitar al uso de tejidos muertos por razones obvias, los tejidos vivos reaccionan de manera diferente,y ya Hans Reusch en este libro de hace más de 30 años habla de técnicas que jamás deben ser denominadas como “alternativas”, puesto que deberían de ser la norma. Los cultivos de tejidos, células y órganos humanos obtenidos de biopsias, fetos abortados, cordones umbilicales, placentas, etc., tienen un gran valor en inmunología y toxicología, para cuyo estudios todavía siguen utilizándose otros animales, además de ser aplicable también a la oncología, la endocrinología, la genética, la farmacología... Es en el examen de tejidos extraídos a enfermos, como pueden ser cartílagos artríticos que se extraen a pacientes que son tratados quirúrgicamente para efectuar correcciones, tejidos que se pueden mantener con vida durante semanas, como se puede observar la reacción a los medicamentos, y no provocando artificialmente enfermedades a animales no humanos. La utilización de los ordenadores y programas informáticos no se limita a la diagnosis y el procesamiento de datos, sino que también pueden utilizarse para la experimentación de medicamentos, de reflejos condicionados, de la función renal, de enfermedades cardíacas, el estudio de los impactos y del crecimiento... Evidentemente todas estas técnicas han sido notablemente mejoradas en los últimos 30 años, a pesar de que los ultrarreligiosos se sigan oponiendo a la investigación con células madre, pero jamás podrán ser desarrolladas si la vivisección no desaparece.

 Tanto por el bien de los animales no humanos como por el nuestro propio... ABOLICIÓN

 

NOTA: Cualquier persona interesada en la lectura de este libro ha de saber que únicamente las primeras 375 páginas son las correspondientes al original “Matanza de inocentes” escrito por Hans Reusch. El resto, hasta llegar a las 740 páginas, son apéndices, algunos pertenecientes a discursos de Reusch pero en su mayoría escritos por otra gente, siendo el más extenso el apéndice a la edición española. Quien llegue a considerarme a mí radical que haga el favor de saltarse este apéndice o analizarlo de manera racional para extraer de él los datos científicamente objetivos que se dan, que los hay, puesto que la radicalidad llega hasta tal extremo que se pretende desprestigiar a gente como Eduard Punset y Jesús Mosterín y organizaciones como Equanimal, Igualdad Animal o Defensa Animal, tergiversando y manipulando sus palabras de manera a mi juicio escandalosa, incluso en los casos en los que ambas posturas coinciden.