Buque García del Cid: el cuerpo del delito

Buque García del Cid: el cuerpo del delito

Cuando pusieron tu nombre al buque oceanográfico, jamás se me pasó por la cabeza imaginar que se podía convertir en el cuerpo de un delito

Actualidad | 30 de abril de 2024
Consuelo G. del Cid Guerra

Abuelo,
esta es la primera carta que recibí en mi vida, pero entonces, aún no sabía leer. La he conservado siempre, y se encuentra en un álbum donde guardo tesoros. Te fuiste demasiado pronto, y siempre he pensado que mi existencia, de haber estado tú, habría sido muy distinta. Pero eso ya no importa demasiado. Cuando pusieron tu nombre al buque oceanográfico, jamás se me pasó por la cabeza imaginar que se podía convertir en el cuerpo de un delito que hoy se encuentra en el desguace, para que no quede rastro, y por ello, he decidido contarte lo que ha pasado, porque sé que de una forma u otra, te llegará.
En el García del Cid trabajaba una camarera llamada Carmen Fernández, que ha desaparecido. Denunció por acoso sexual a un miembro de la tripulación, pero no le hicieron caso. El Consejo Superior de Investigaciones Científicas ni se pronunció al respecto, como tampoco lo hace ahora. Carmen se esfumó en el mar. Ya nadie la busca, y no se han entregado las grabaciones, porque el buque que lleva tu nombre tenía cámaras, y todo quedó grabado. Supongo que el CSIC espera que pase la tormenta mediática, pero ya son muchas las biólogas que se pronuncian sobre el acoso sexual en los buques oceanográficos, y esto, no va a parar.
Sé que tú nunca habrías permitido esto, habrías movido cielos, tierra, mar y aire para que Carmen aparezca allí donde se encuentre, y que habrías puesto el asunto en manos de la Justicia, porque es inadmisible, intolerable, y fundamentalmente vergonzoso que el CSIC actúe como lo está haciendo. Si existe algún tipo de reacción divina, conseguiremos que se aplique. Yo no voy a detenerme.
Presido una asociación contra la violencia de género, y nadie me parará. Nadie. Si estás con Carmen, dale un abrazo enorme, y dile que desde aquí su nombre está escrito por todas partes, que su familia y su abogado luchan por esclarecer la verdad, y que yo también lo hago.
Gracias, abuelo.

Tu nieta,
Consuelo García del Cid Guerra.

 

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